Argumento 2 “Yo lo voto. Si manejó bien Boca va a manejar bien la ciudad”

Boca S.A.Boca Juniors Sociedad Anónima Los éxitos tapan todo, se sabe. Tras presidir el ciclo más importante de la historia de Boca Juniors es una empresa difícil criticar a Mauricio Macri por su gestión, con los números y los títulos sobre la mesa. Logró -bajo la conducción de Carlos Bianchi- 3 Libertadores y 2 Copas Intercontinentales (contra 2 y 1, respectivamente, conseguidas en las 9 décadas anteriores al Xentenario del club). Como hincha de Boca que soy es difícil ponerme a despotricar contra su gestión al frente del club.

Pero lo cierto es que de la mano de Macri Boca fue en el fútbol de los noventas el equivalente a ese porcentaje de la sociedad que acumuló riqueza en detrimento del resto: la torta es una sola, también se sabe. La política macroeconómica del país y la gran cantidad de boquenses hicieron que poco a poco Boca se despegará del fútbol local como nuevo rico en un country. A las claras está si se miran los resultados: sólo River y Vélez (y Estudiantes en el último campeonato, en otra época del país) lograron en esta década infame salvarse del deshonor de ser nada.

Mientras tanto, Boca se despegaba del resto hasta convertirse en el club más importante del mundo en cantidad de títulos internacionales. Pero se sabe que nadie se salva solo en un medio, para salvarse solo hay que matar a unos cuantos, o al menos tirarle unas paladas de tierra mientras agonizan.

Hubo casos de jugadores que llegaron a las inferiores del club con cambios de apellidos llamativos. Carlos Martínez y Wálter Lujan se lucían en sus clubes y prometían un futuro más próspero para equipos humildes como All Boys y Newells. Llamativamente, al pasar a llamarse Carlos Tévez y Wálter Samuel, llegaron a Boca por un vuelto. Son los casos más flagrantes de cómo Boca les sacó los mejores jugadores a los clubes más chicos durante la presidencia de Macri, menospreciando la leal competencia y aumentando el poder del Boca (los ricos cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres, el mercado regula, y se derrama para abajo).

En otra oportunidad compró un conjunto de jugadores súper prometedores de Argentinos Juniors a un precio hilarante; entre ellos se encontraba Juan Román Riquelme; el Bicho, la cantera de jugadores por excelencia de nuestro fútbol, se quedaba sin los mejores jugadores, que se los llevaba Boca, sin hacer mucho más que arreglar con el presidente del club de La Paternal. La connivencia de los presidentes corruptos de los clubes chicos hizo su parte para que la parte del león de la torta del fútbol se la coma Boca. Y podríamos seguir con algún otro ejemplo de lo que para algunos es una excelente gestión de inferiores del club y para otros el viejo ejemplo del grande del curso que le pega al más chiquito.

Con la Bombonera, el estadio, se vivió una situación parecida: lo primero que hizo Macri fue refaccionarla con unos palcos lujosos que se vendían de por vida y cuyos aportes gastó en su gestión, favoreciendo a que el club más popular –y más relacionado con los sectores humildes- determine una parte importante de su espacio para que vayan magnates y pudientes. Algo parecido sucedió (sucede) con las agencias de turismo que se aseguraban de vender plateas para extranjeros a valor dólar, prohibiendo a un sector de los argentinos a adquirir su ubicación en pos de devisas que poco se sabe a qué se destinaron (y se destinan).

Esto –y alguna que otra flexibilización laboral futbolera- le valió el apodo de Cartonero que Diego Maradona le impregnara en la frente. Tres grandes referentes que ganaron todo con Boca no fueron tratados como sí hacen en Europa con sus figuras. Al menos tres se quejaron, con lo difícil que es que un futbolista “hable”. Marcelo Delgado, Jorge Bermúdez y Antonio Barijho, tres jugadores muy queridos por los hinchas, en varias oportunidades se pronunciaron en contra del presidente de Boca e incluso llegaron a acusarlo de cometero, de quedarse con un vuelto, y de tratar mal a la persona detrás del futbolista (Ver “TESTIMONIOS”).

En otros casos, los jugadores fueron obligados a irse del club por ofertas que el club se negaba a rechazar, por más que los jugadores querían quedarse en Boca.Mientras tanto los clubes de la clase media se caían en picada como la misma clase media: Ferro, Platense, Racing, Independiente, San Lorenzo, Argentinos Juniors, Belgrano y Atlanta, por nombrar algunos, fueron entrando en quiebras, convocatorias de acreedores, gerenciamientos, sindicaturas, sociedades anónimas, intentos de privatización, perdida de propiedades, confiscación de sedes sociales, venta de terrenos, pulseadas para su traslado a lugares del país con más gente pero sin clubes en primera división. Boca, en vez de ayudar a que mejoren su situación, les sacaba jugadores. La prensa, cómplice, como ahora.

Bajo su presidencia, además, el club se apropió de unos terrenos linderos, cerrando una calle, para hacer un estacionamiento, con la excusa de que mejoraban la calidad visual de uno de los barrios más pobres de la ciudad y que, claro, como Boca hace mucho por el barrio, el barrio puede hacer algo por Boca.

Quizás en la ciudad vaya a hacer una cosa parecida Mauricio Macri: gestionar la ciudad más importante del país privilegiando a los que más tienen, desinteresándose por los problemas de las minorías, de los que no tienen tanta voz, en pos de posicionar la ciudad a nivel internacional, de ser una marca, para que esté bueno Buenos Aires.

TESTIMONIOS

Antonio Barijho“En Boca siempre hubo cosas turbias. Pero las cosas hay que decirlas en su momento. Lo peor que le puede pasar a Boca es que estas dos personas (Macri y Delgado) lo estén ensuciando como club. Yo me fui porque no me gustaba lo que había. Al estar este clima me quería ir a cualquier lado. Después de que se fue Bianchi, que mantenía todo controlado, porque eran él y los jugadores quienes manejaban todo, el club es un desastre.”

Marcelo Delgado“Macri hace negocios personales con Boca.”

Jorge Bermúdez“En cada negocio con Boca siempre tenía que quedarle algo a Macri para que lo apruebe, una coima, sino era un rotundo no. Y cuando Macri no esté se van a conocer más casos. En el 2000, un club europeo (el Barcelona) quería llevarme y desde Boca salió un fax donde se pedían 5 millones de dólares. Pero a la noche, desde la residencia de Macri salió otro exigiendo dos millones más y dejando de lado al representante. Ahora hay que pensar aquello que se hizo mal, hay que buscar quién estuvo detrás de todo eso. Yo estuve en Boca y lo viví. Me fui porque estaba en desacuerdo en cómo se trataba al ser humano, el club se había convertido en un negocio personal y un club como Boca no se puede manejar como un negocio personal, tiene que estar abierto a la gente, tiene que haber claridad, con un manejo diáfano, con todo abierto para que el socio sepa qué pasa con la gestión.

Por todo esto siento que es momento de un cambio. No puede quedar una gestión solo en lo deportivo y en lo otro hummmm. Se habla muy poco por conveniencia, se habla muy poco porque se manejan los medios, hay grandes compromisos económicos que no permiten que se digan las cosas, pero nosotros que estuvimos adentro y la vivimos, la tenemos muy clara.”

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